Jean-Jacques Kourliandsky

Director del Observatorio de América Latina de la Fundación Jean Jaurès e Investigador asociado en el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) de Francia.

Las secuelas de la acción militar de Rusia en Ucrania han puesto de manifiesto las fracturas de una integración regional de América Latina que se evidencia más virtual que duradera. Las bombas rusas dejaron al descubierto las cotidianas diferencias cambiantes. Los gobiernos reaccionaron según sus intereses particulares. No hubo ninguna consulta colectiva. A falta de un lugar consensuado que lo permita. La OEA (Organización de Estados Americanos) está fuera de alcance, en Washington. La CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), sin Brasil, que se desvaneció hace dos años, ya no es un universal regional. Las demás estructuras intergubernamentales tienen un alcance geográfico limitado, lo que impide cualquier definición común.
Estas reacciones fragmentadas y divergentes han interpretado, sin embargo, con mayor o menor brillantez, la misma partitura. Todos ellos, a su manera, han revelado una idéntica subordinación internacional. Como otras periferias del mundo, América Latina es un espacio de soberanía limitada. Históricamente por las potencias coloniales europeas, luego en el siglo XX por los Estados Unidos, y más recientemente de forma tentativa por soberanías competidoras, chinas o rusas.
Varios líderes latinoamericanos han renovado, con motivo de esta crisis, su tradicional alineación con un poder tutelar externo. Colombia, que desde hace tiempo se orienta hacia la "Estrella del Norte" norteamericana [1] y es miembro asociado de la Alianza Atlántica (OTAN), ha dado sin embargo un prudente paso atrás. Su ministro de Defensa, Diego Molano, declaró públicamente el 24 de febrero que Bogotá, por supuesto, no enviaría tropas a Ucrania. Cuba, Nicaragua y Venezuela, el núcleo duro que sobrevivió a la desintegración del ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América), han confirmado en cambio su vínculo preferencial con Rusia. Sujeto a las sanciones de EE.UU., Rusia les ofrece un escudo militar protector. Sin embargo, expresaron su comprensión hacia Moscú en menor medida, presumiblemente para evitar atraer la ira norteamericana que Rusia, en tiempos de paz, se supone que evita.
Luego están los oportunistas, que piensan que pueden beneficiarse, hoy como ayer, a pesar de la crisis, de un acercamiento a Rusia. Bolivia tomó esta decisión hace unos meses, para aflojar el cabestro estadounidense. En medio de la crisis ruso-ucraniana, firmó importantes acuerdos energéticos con Rusia el 22 de febrero. Como era de esperar, el 24 de febrero, su gobierno "hizo un llamamiento a las partes en conflicto para que emprendieran mecanismos de distensión, (...) diplomáticos". El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, hizo el mismo cálculo. El 15 de febrero viajó a Moscú con líderes empresariales. Se declaró convencido de las buenas intenciones de Vladimir Putin. Añadió que "tenemos negocios con ellos, nuestra agroindustria necesita sus fertilizantes". El jueves 24 de febrero guardó un llamativo silencio sobre la agresión militar iniciada por Rusia.
También están los "nasserianos", los que se encuentran en una situación internacional de "guerra de jefes", períodos que les permiten jugar todas las mesas, para el mayor beneficio de sus economías. Los que van desde Argentina hasta México, pasando por Perú y Uruguay, llaman al diálogo y a la negociación, de una forma que no se corresponde con la brutal militarización de la situación. Argentina espera que su tardía posición "a favor de los principios consagrados en la Carta de la ONU" conduzca a una mejor liquidación de su deuda. Su presidente, Alberto Fernández, hizo una parada en Moscú de camino a Pekín el 3 de febrero para pedir el apoyo de Rusia. México ve en esta crisis la posibilidad de poner en liza a sus potenciales señores. Como reflejo de esta elección, México ha señalado "su confianza en una futura normalización a través del diálogo, (...) sin confrontación bélica".
Por último, están los fatalistas. Algunos se refugian en el humanitarismo, multiplicando las declaraciones sobre sus nacionales atrapados en Ucrania. Sin, además, tener la posibilidad de repatriarlos, como admitió Itamaraty, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Brasil. Los demás, a menudo los mismos, están evaluando las consecuencias financieras de las ollas rotas. Los más alejados de las mesas de decisión diplomática han sido los más activos en este sentido. Como la República Dominicana, cuyo Presidente, Luis Abinader, convocó una reunión excepcional de su gabinete el 24 de febrero, a las 14:00 horas (hora local), para tratar el tema.
Estas posiciones evasivas, en su diversidad, han subrayado brutalmente la evidencia de la inexistencia internacional de los 19 países, que supuestamente componen lo que convencionalmente se denomina con el denominador común de América Latina. Ucrania, como se ha dicho, puede estar en una situación de "soberanía limitada". Pero no es el único en este caso. En Europa, sin duda, en África ciertamente, y obviamente en América Latina.
El 22 de octubre de 2021, con motivo de la visita a Moscú del ministro de Asuntos Exteriores de Bolivia, Rogelio Mayta, Rusia ofreció su paradójico apoyo a quienes en América Latina tratan de rechazar la injerencia norteamericana y las sanciones unilaterales. Al apoyar a Bolivia, que mantiene una antigua disputa territorial con Chile, quizás haya fomentado la invención de un hipotético Donbass sudamericano. Se trata de un mensaje inusual en una región sin grandes disputas territoriales. Un mensaje bien interpretado, no en Santiago o La Paz, sino por el ex presidente de Estados Unidos, y próximo candidato a la Casa Blanca, Donald Trump. En una entrevista radiofónica, dijo que "podríamos hacer lo mismo (que los rusos) en nuestra frontera sur".
*Articulo original publicado en la Tribune/IRIS
[1] Doctrine connue aussi sous le nom de « Respice Polum » inventée par un président colombien Marco Fidel Suárez

un terremoto geopolítico europeo que revela las subordinaciones latinoamericanas*